Nombre científico: Dipsacus fullonum L.
Nombre común: Cardencha.
Localización: Julio 2007. Cº Carravieja. Ribera del Manubles.
Origen: Autóctona.
Etimología: El término “dipsacus”, que da nombre al género y a la familia, procede
precisamente de esa capacidad para acumular agua en sus hojas: deriva del
griego dipsa = sed, en alusión al
agua que retiene. En cuanto al nombre específico, fullonum, proviene del latín fullo
= batanero, en clara referencia a la persona encargada de ese oficio en los
lavaderos de lana; una palabra, en fin, relacionada con su antiguo uso para
cardar tejidos.
Descripción: Planta bienal de hasta
Florece: entre junio y septiembre.
Hábitat y distribución: en suelos con cierta humedad, alterados
y nitrificados, formando parte de pastizales y herbazales de terrenos aluviales
de casi toda Europa, excepto la zona norte. Es planta autóctona.
En Ateca es planta muy común (julio 2007, camino Carravieja, Manubles).
Usos y virtudes: Las hemorroides se lavaban con el cocimiento del
tallo durante un novenario, todas las mañanas.
El cocimiento del tallo fresco, tomado durante
una novena, se utilizaba para tratar el catarro.
La raíz en infusión se ha utilizado para curar
el acné. Se ha empleado el agua que se recoge entre las hojas soldadas y en las
inflorescencias, para lavar pequeñas irritaciones de la piel que aparecen en la
cara de los jóvenes. El cocimiento de la raíz se empleaba para eliminar verrugas
de la piel. Sus hojas se han empleado para curar heridas y cortes; para ello se
quitaba el nervio de la hoja para no pincharse, se pasaba por encima de la
lumbre y se colocaba el envés de la hoja en contacto con la parte lesionada.
Sus cabezuelas secas se usaban de hisopos para
asperjar el agua bendita en la iglesia. La infrutescencia seca se ha empleado
para cardar la lana en numerosas comarcas de España; también se ha empleado
para cepillar prendas de vestir. Con sus tallos se confecciona una especie
de juguete llamado “tricolotraco”. También entran en la confección de ramos de
flor seca, con fines ornamentales.
Las
inflorescencias proporcionan unas cardadoras que se colocan sobre armazones y
se utilizan en la industria de la lana, para cardar y quitar la borra
superficial de paños y fibras. El cardado original se realizaba a mano; el
cardador, provisto de una o varias cabezas de cardencha, barría en un
movimiento ascendente la superficie de los paños para levantar las fibras de la
trama. Las cardenchas eran bastante suaves y sus púas se rompían fácilmente al
enredarse, antes de causar algún deterioro a las fibras o los paños. Las
fibras, una vez separadas formaban una pelusa que cambiaba completamente el
aspecto y textura del paño. Todavía se utilizan estas cabezas de cardencha
insertas en armazones para el acabado a máquina de prendas finas de lana como
la duvetina.
Supersticiones: En algunas provincias se han utilizado
ramilletes de cardos colocados en las puertas de casas y establos para espantar
brujas y evitar maleficios. Se ponían cardos con grandes espinas en las puertas
de las cuadras del ganado para que las meigas no fueran a lavarse con la leche
de las vacas. Se decía que las brujas tenían que cortar las espinas antes de
entrar, y así, no las daba tiempo antes de hacerse de día. También la cardencha
junto con otras plantas, se empleaba para elaborar ramos de flores que se
colgaban de puertas y ventanas en la tarde de San Juan para proteger las casas
de rayos y tormentas. Igualmente, se ponía un cardo en capullo en un paquete de
papel cerrado y se pedía un deseo; a la mañana siguiente, lo abrían y veían si
se había abierto el capullo, en caso afirmativo, se cumpliría el deseo pedido. Dioscórides,
médico griego (40-90), llamaba a esta planta “baño de Venus” por retener agua
en la base de sus hojas caulinares soldadas a manera de cuenco: entre los
griegos esta agua tenía la fama de hacer muy bellas a las jóvenes que se
lavaban con ella.
Historia: Andrés Laguna (médico, 1510-1559)
comenta que: “Los gusanillos blancos que se hallan dentro de las cabezuelas
perfectamente maduras, introducidos vivos en el conducto de la uretra provocan admirablemente
la orina”. Sobre estos mismos gusanillos Font Quer (botánico español
(1888-1964) señala que se corresponde con el nematodo Ditylenchus dipsaci
(Kühn, 1857), y recoge que el fitoterapeuta francés, Cazin, descubre que este
nematodo despachurrado entre los dientes calma el dolor de muelas
instantáneamente.
COMER PLANTAS O TOMAR SUS INFUSIONES PUEDE
RESULTAR PELIGROSO SI NO SE TIENE LA CERTEZA ABSOLUTA DE LA ESPECIE, SIENDO
CONVENIENTE LA RECOMENDACIÓN DE EXPERTOS.
Bibliografía consultada para todas las fichas:
- Flora ibérica. Plantas vasculares de la
Península Ibérica e Islas Baleares. VV.AA. Real Jardín Botánico, CSIC. Madrid,
1986.
- Plantas medicinales. El Dioscórides
renovado. Pío Font Quer. Barcelona, 2003.
- Plantas medicinales del Pirineo aragonés y
demás tierras oscenses. VV.AA. Huesca, 1987.
- La guía de INCAFO de las plantas útiles y
venenosas de la Península Ibérica y Baleares. Diego Ribera Núñez y Concepción
Obón de Castro. Madrid, 1991.
- El Ministerio de Transición Ecológica
(MITECO) editó 4 volúmenes del Inventario Español de los Conocimientos
Tradicionales relativos a la Biodiversidad, que son un compendio de
numerosas publicaciones de Etnobotánica.
Páginas web:
http://floragon.ipe.csic.es/index.php


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